lunes, 18 de mayo de 2015

Oniria (8)

Un poco más de la perspectiva de Elías, esto me emociona mucho :)
Parte 8
En una calle concurrida del centro, los letreros luminosos de las discotecas y bares se alzaban bajo el ruido de la música y las personas llegando en sus vestuarios casuales y nocturnos eran protagonistas. Al final de esta, en una sencilla puerta de madera se leía “La Cueva” en letrero de hierro. El nombre del lugar no era al azar.
Elías se acomodó en el asiento de cuero negro dando vueltas a las llaves del auto mientras observaba la pista de baile, la música sonaba, las pinturas a blanco y negro adornaban las paredes oscuras del pequeño salón. El salón principal de La Cueva estaba más concurrido y las luces de discoteca eran más fuertes, las personas hablaban y reían con cervezas y cocteles en mano. El segundo salón, en cambio, tenía luz más tenue y solos dos mesas estaban ocupadas, ellos y la de un grupo de mujeres al otro lado, ese detalle le encantó, para la edad de su primo y sus amigas, él habría imaginado un lugar distinto, San José de los Cedros no dejaba de sorprenderlo, el sitio era maduro pero de muy buen ambiente.

El joven mesero llegó y sirvió una botella de whisky y tres vasos con hielo en la mesa frente a Elías, él posó su mirada en la pista de baile una vez más, Corina bailaba con René, ambos voltearon a la llegada del mesero, ella soltó un alarido de emoción y sonrió coqueta a Elías jugando con uno de sus risos, él tomó el vaso recién servido y lo alzó para ella sonriendo, tomó un sorbo, todo una delicia, tanto el licor como el panorama.

Los jóvenes llegaron y se sentaron junto a él, René alzó el vaso de vidrio –Por nuestra triunfadora-
Elías imitó el gesto –Salud- Los tres tomaron un gran sorbo del licor, Corina arrugó el rostro y tosió un poco, su blanco rostro se llenó de rubor, René sonrió y le dio unas palmaditas en la espalda.
-Así que la Universidad del Norte- Soltó Elías observando a la jovencilla de pies a cabeza.
-Sí, nuestra pequeña bióloga- Respondió René.
-¿Biología?- Elías quería dejar claro a quién se estaba dirigiendo, Corina jugueteó un poco con el vaso de vidrio –Es una excelente universidad, allí me gradué –Tomó un sorbo más –La capital puede ser abrumadora, pero te va a encantar, tal vez me visites alguna vez- Sonrió mientras se saboreaba.
-Claro- Corina jugó un poco más con su cabello, miró a su amigo –Es posible, me hice mucha expectativa, tengo ansias de empezar ya –tomó otro sorbo, parecía adaptarse.
-Bueno, lo tienes bien merecido, en el Club de “los que quedaron atrás” te vamos a extrañar- Dijo René sirviendo un poco más de hielo.
-¿El club de qué?- Elías abrió los ojos, estos chicos decían cada cosa. Su primo y la joven se miraron y sonrieron.
-El Club de “los que quedaron atrás”- Introdujo Corina en tono narrativo –Las pobres almas que después de la graduación quedaron olvidadas en un rincón del viejo San José, obligados a conocer el mundo a través de las historias de aquellos que sí lograron salir a la superficie- Ambos soltaron una carcajada, Elías se mostró interesado.
-Y a esperar y esperar, trabajando duro mientras el universo decide cuándo es el momento de darnos otra oportunidad de salir a ver el mundo más allá del lago del pueblo- Continuó René -Cada uno tiene su historia, claro está-
-¿Cuál es tu historia?- Preguntó Elías a Corina, ella tomó un sorbo de cantidad considerable, su cara se descompuso pero lo sobrellevó.
-Bueno, soy Corina, tengo diecinueve años…- Aclaró la garganta, todos rieron – Mi promedio siempre fue bueno, al graduarme recibí dos cartas de universidades importantes, estaba muy feliz, luego… -Hizo una pausa y tragó saliva –Mi padre… Él tuvo un accidente en el auto, se golpeó la cabeza, él quedó…-su brillo se opacó –Quedó incapacitado, y bueno, cuidar de alguien así requiere muchos gastos, no podía dejar a mamá sola en eso, soy hija única y así fue como “quedé atrás” –Hizo énfasis y sonrió, los ojos de Elías quedaron bien abiertos.
-¿Y qué es distinto esta vez?- Preguntó curioso.
-Jamás dejé de enviar solicitudes a todos lados, el mes pasado una hermana de papá se divorció y dijo que vendría a vivir con nosotros, quiere cuidar de él y ayudar a mamá, si yo estudio y trabajo en la capital, tal vez sea de más utilidad que en casa haciendo los quehaceres- Tanta dulzura y fuerza en el relato de la joven, Elías lo encontró fascinante, una intelectual soñadora, algo en su interior se revolvió, pero era bueno conteniéndolo. Curvó los labios en una sonrisa y tomó un poco más del costoso y exquisito licor.
-¿Y la tuya? ¿Cuál es tu historia?- Preguntó Elías a René tratando de que la pared imaginaria que había dejado a su primo fuera de la mesa y de la conversación no fuera tan evidente.
-Bueno yo soy René, tengo veinte, soy el hijo del viejo René, no creo que él y mamá vean otro futuro para sus hijos que no sea las tierras- Su primo respondió con la mirada ensombrecida.
-René, eso yo no lo sabía- Agregó, su primo se había portado tan bien con él, pero nunca habían hablado de esa manera, sus charlas anteriormente se habían limitado a contar anécdotas familiares y a describir el pueblo.
-Está bien, mi deseo es ir a la capital y tener mi propio negocio, he estado trabajando y ahorrando desde antes de graduarme. Pero falta Fernanda, el club no está completo sin ella- René volvió a servir.
-¿Crees que vendrá?  Se está tardando- Corina sonaba desanimada. ¿Tal vez no vendría? De seguro no, le había pegado un buen susto, se lo merecía, eso pensaba. Ese era el problema, pensaba demasiado en ella, probablemente ni se aparecería, pero si lo hacía, aprovecharía para asustarla un poco más. Pero ¿Y si le decía a alguien? Elías se inundó de ira, aún sentía las secuelas de aquel dolor agudo en el estómago, aún sentía el sabor del vómito oscuro en los labios, observó a Corina, era obvio que ni su primo ni ella tenían idea alguna, sonrió. Fernanda no le diría nada a nadie, ella sola le hizo eso y ella sola debería arreglarlo, mientras tanto, él mismo se encargaría de buscar algo con qué reemplazar el mal sabor.
-¿Y cuál es la historia de ella?- Preguntó lleno de curiosidad.
-Parecida a la mía, trabajando y ahorrando después de la graduación para poder ir a la universidad, también ha enviado solicitudes, pero no es tan sencillo para los que no somos unos pequeños genios como Corina- Explicó René.
-No seas ridículo- Corina lo manoteó –Fernanda tiene la natación –Se volvió hacia Elías -Ha estado en muchos concursos y tiene muchas medallas en su historial, solo que se ha estado reservando para el momento correcto, yo la convencí esta vez de que se inscribiera en la Universidad del Norte. Sé que pronto recibirá una contestación. Es una gran atleta-
-Veo- Miró a la joven con picardía, directo a los ojos –Este es un club muy interesante- Eso sí que lo había hecho a propósito.
-¿Y tú, Elías? ¿Cuál es tu historia?- Preguntó ella llevando el vaso con lentitud a los labios, las chispas revoloteaban casi palpables.
-¿Yo?- Soltó una risa suave y grave, se percataba de que la chica por fin comenzaba a sacar lo que escondía tras la dulce sonrisa – Soy de una pequeña ciudad en la costa, me mudé a la capital a estudiar diseño gráfico, trabajé y estudié como todos, después volví a mi casa, creo que soy hogareño, o es solo que también soy un solitario hijo único –Sus ojos se clavaron en la joven embelesada por la historia, se volvió hacia su primo, René daba vueltas en su asiento, se notaba la incomodidad en su rostro –En fin, luego de trabajar un tiempo independiente, ahora, a mis veintiocho años de edad, me han ofrecido un considerablemente jugoso trabajo en una agencia publicitaria y editorial en la capital, así que me vi forzado a volver. Mientras finiquitaba algunos detalles del apartamento, decidí que sería bueno pasar un rato por San José de los Cedros, el tío René, hermano de mi madre, me ayudará con algunas cosas del lugar que será mi nuevo hogar- Suspiró –Creo que me había perdido de la excelente compañía familiar y un gran lugar para estar todos estos años; el pueblo de mi madre- Tomó un buen sorbo de whisky, la garganta le ardía, realmente la estaba pasando bien.
-¿Esa es tu historia?- dijo Corina –Es la historia más aburrida que jamás haya escuchado, no mereces estar en el club- todos rieron, Elías se encogió de hombros –Creo que bailaré para no dormirme, la joven se levantó, tomó un sorbo más y danzó hasta la pista, algunas personas ya habían llegado y el salón comenzaba a llenarse, las horas de la noche avanzaron pronto.
Elías la observaba bailando, se acomodó como preparándose para un espectáculo privado, se sobó el mentón con la mano derecha y sonrió una vez más, vio a su primo, casi olvidaba que estaba a su lado, no lucía contento. Se enderezó en el acto.
-No te preocupes, yo iré a la mesa de en frente, las señoritas no han quitado la vista de encima de esta mesa en toda la noche- Los labios de René de curvaron pero no lucía muy emocionado –Voy, ya sabes, a saludar- Se rascó la cabeza, se acomodó el cabello y dirigió a la otra mesa.
-Eso es, buen chico- Dijo Elías sonriendo para sí mismo, sin que su primo pudiera escucharle, el joven llegó y las cuatro chicas de la mesa vecina lucían encantadas, se miraron entre ellas, cruzaron un par de palabras, rieron a carcajadas y lo invitaron a sentarse.

Elías volvió a recostarse, observaba a la joven moverse al ritmo de la música suave, ya casi olvidaba que ella existía, ya casi olvidaba que Fernanda existía. Su interior crujió, se palpó el estómago, no le dolía, quizá el efecto de lo que ella le hizo estaba pasando. Miró el reloj, soltó el vaso de vidrio sintiéndose algo débil, era hora de actuar.

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