domingo, 29 de noviembre de 2015

Oniria (12)

Parte 12

Fernanda se despertó temprano con una punzada a un costado de la cabeza, respiraba con dificultad y se tocaba el cuello intentando quitar aquello que no la dejaba respirar, una vez más aquella pesadilla había invadido su mente saboteando su sueño. Las figuras rojas le producían una aversión terrorífica que no hallaba cómo explicar. Se incorporó en la cama y recapacitó, saltó al otro lado del cuarto y rebuscó su techo con el rabo del ojo, no había nada. No había ojos negros, no había sombras, estaba sola en su habitación actuando con injustificada paranoia. Tal vez no tan injustificada. Era algo temprano para despertar, aun así, decidió ducharse enseguida, el té de la tía Aldana había servido de algo, la horrible pesadilla volvió, pero al menos no se sentía tan descompuesta, había logrado descansar.
Salió del baño en toalla mientras se sacudía el cabello, un par de grotescas carcajadas irrumpieron  en el ambiente tranquilo de la mañana. Se asomó a las escaleras y vio a su hermana sentada en el sillón, cabizbaja rodeada de tres chiquillas, las fragorosas jovencitas reían sin decoro alguno.
-¡Tranquila, Bel!- Dijo la chica del medio, rubia y un poco más alta que las otras dos, usaba un vestido de volantes que a Fernanda le pareció en exceso corto y algo atrevido para su edad –Eso sucede siempre cuando eres principiante, por eso debes hacer todo lo que yo te diga y tu voz le caerá estupendo al grupo- Se paseaba observándola de pie a cabeza –Ya te dije, eres linda, sería lindo tenerte- Las otras dos murmuraron -¡Pero debes hacer algo con ese cabello que tienes!- Las carcajadas no se hicieron esperar.
-¿Sucede algo?- Se introdujo Fernanda carraspeando la garganta desde las escaleras, la severidad le cubría el rostro, las invitadas se irguieron guardando compostura.
-En seguida vuelvo- dijo Belén y corrió escaleras arriba halando a su hermana hasta estar fuera del alcance de sus amigas -¿Qué crees que haces?- lucía nerviosa.
-¿Ellas quiénes son?- La indignada hermana mayor se cruzó de brazos.
-Son mis amigas, no las espantes- Belén mantenía un tono de voz bajo -¡No debes aparecerte así, nos interrumpes!-
-Se burlaban de ti, tonta- Reprendió Fernanda.
-No es cierto, me ayudan a mejorar mi canto, solo me daban sugerencias pues ya soy parte del grupo- Justificó Belén –Ahora somos un cuarteto- su rostro se llenó de ilusión, su pequeña hermana; una cantante –Así que no te entrometas, mamá dejó tu comida en el microondas, revisa también el congelador…- dijo alejándose, al parecer los trece años eran una edad más complicada de lo que Fernanda recordaba, las observó por última vez, no le agradaban esas chicas pero ya tenía sus propios asuntos.
Una vez vestida, bajó en busca de desayuno, las jóvenes cantaban y hablaban muy alto, su casa era imposible. Tomó el plato de comida, se sirvió algo de jugo, buscó el teléfono y subió las escaleras haciendo piruetas con todo lo que llevaba en mano. Fernanda se tiró en la cama fresca y anímica, comenzó a marcar en las teclas del teléfono llena de curiosidad.
-¿Aló?- Le contestaron después de varios intentos fallidos, la voz de René carraspeaba más en las llamadas.
-¡Finalmente!- Exclamó -¿Qué sucede con ustedes? Corina no se ha dignado a contestarme ¿Acaso no hay nadie en su casa?-
-No lo sé, a decir verdad no he hablado con ella desde que salimos- el tono de su amigo cambió.
-¿Sucedió algo?-
-Algo así, más bien explica por qué nos has dejado plantados- Fernanda vaciló, hizo un esfuerzo por sintetizar la historia del incendio en el bar de su madre, cerró la puerta de su cuarto para que el ruido de las chicas no le molestara.
-¡Oh, por Dios!- Exclamó René haciendo que su oído rechinara –Eres una heroína, me alivia que no haya sido nada grave al final- soltó unas carcajadas tímidas.
-¿Y cómo terminó la noche de ustedes?-
-Fuimos a un lugar en el centro, el ambiente era genial, yo hice nuevas amigas- ambos rieron – En cuanto a Corina, deberás preguntarle cómo terminó su noche, eso no lo sé-
-¿Eso qué quiere decir?- Fernanda arrugó el rostro y dejó el plato de desayuno a un lado.
-Ella y Elías se llevaron demasiado bien, se fueron a casa sin mí- Escuchar aquello la hizo palidecer, se levantó y comenzó a caminar en círculos sin si quiera fijarse.
-¿Qué quieres decir con “demasiado bien”? ¿Quieres explicarte?- entonó con fuerza.
-Solo eso, tomábamos algo de whisky, ellos no dejaban de mirarse, creo que debí saberlo- la voz de René se hizo lenta y lejana, no estaba contento con el hecho que acababa de relatar.
-¡¿Cómo es que pudiste permitirlo?!- Gritó, su amigo balbuceó algo pero ella no lo dejó terminar -¿Cómo has podido dejarla sola con él? Eres descuidado e irresponsable-
-¿Por qué exageras? Hablas de Corina cómo si se tratara de una niña, no pensé que reaccionarías así-
-Escúchame bien, René- Enfatizó –No me importa que sea tu primo, no permitiré que se acerque a Corina, debes decirle que se aleje de ella- se rascó la cabeza con desespero, los ojos negros, la sombra nocturna, el demonio sobre su amiga, tenía tanto miedo -¿Acaso no lo ves? Es un hombre mayor, de la capital, que viene aquí solo de paso, no permitiré que Corina sea el objeto de eso- Trató de justificar por otros medios la razón de su reacción radical.
-Está bien, pero ¿Por qué yo?-
-Porque tú eres su amigo y fuiste tú quien lo trajo a él a nuestras vidas- Aquello lo dijo sin pensar, víctima del pánico.
-¿”Nuestras”?- Fernanda se detuvo, guardó silencio por un instante, no supo qué responder -¿Por qué lo juzgas así? Ni siquiera lo conoces- René sonaba más que desconcertado.
-Ese es el asunto, no lo conozco, ella no lo conoce, ni siquiera tú lo conoces- No era mucho lo que pudiera explicarle a su amigo, no si ni ella había encontrado explicaciones a lo que sucedía últimamente -¿Sabes? Voy a llamarla a ella, pero no olvides lo que te digo- Colgó y lanzó el teléfono gruñendo, no podía ser cierto, no podía estar poniendo sus sucias manos sobre Corina.
Respiró hondo, no podía con esto sola, necesitaba ayuda, ese monstruo  estaba allí afuera hostigándola a ella y persiguiendo a su mejor amiga.
Marcó varias veces seguidas, nadie contestaba el teléfono, tomó una chaqueta de jean con el teléfono en la mano y comenzó a marcar por última vez antes de partir a casa de Corina a ver qué sucedía.
-Hola- contestó una voz algo ronca, Fernanda ya iba bajando las escaleras mientras metía los brazos en las mangas de la chaqueta, suspiró.
-Por fin, estaba saliendo para allá, pensé que algo había sucedido-
-Lo siento, estoy sola en casa cuidando de papá, estaba profunda- Corina bostezó  a través del teléfono -Es demasiado temprano y no he podido dormir bien-
-¿Todo está bien?- Fernanda tenía un presentimiento
-Sí, es solo que me siento muy cansada, creo tuve un mal sueño pero no lo recuerdo –Corina parecía reflexionar –Es muy extraño, debió ser el alcohol… -Murmuró casi para sí misma.
-Sí, sobre eso. Hablé con René ¿Qué es lo que sucedió en la discoteca?- Fernanda no estaba para preámbulos.
-¡Calma, chica!- Soltó un risilla suave –Es injusto que me pidas explicaciones tan temprano, ayer llamé a tu casa toda la mañana y no estabas ¿Cómo es que no has sido capaz de contarme lo del incendió?-
-Oh, eso- dijo recuperando el reposo.
-Sí, eso, recibí un susto de  mil demonios, llamé ayer por la mañana muchas veces ¿Cómo es que tuve que enterarme por tu hermana de todo lo que sucedió?- Fernanda pasó de ser la inquisidora a ser cuestionada con severidad.
-Estaba con mi tía Aldana en la tienda, tenía que resolver unas cosas- observó la sala, Belén y sus amigas la miraban así que volvió a la habitación –Puedo contarte los detalles después, en realidad no sucedió nada- Agregó.
-Bien, ahora ¿Qué es lo que el idiota de René te ha dicho?-
-¡Cruel!- dijo Fernanda frunciendo el ceño, no era usual que Corina se refiriera a su amigo de ese modo -¿Qué es lo que sucedió en la discoteca?-
-Sucede que René nos dejó tirados y se fue con un grupo de cualquieras en la mesa de al lado- resopló –Así que tuve que pedirle a Elías que me llevara a casa-
-¿Qué? ¿Estás loca?- Gritó.
-No es para tanto, solo me llevó a casa- Justificó.
-¿¡No es para tanto!? Corina, es un completo desconocido, te metiste en el auto de un desconocido en mitad de la noche- Se rascó la cabeza, no sabía qué decirle –René dice que ustedes estuvieron muy cercanos-
-¿Cercanos?- rió con descaro –Ese idiota. Fer, Elías no es un desconocido, es el primo de René, además, te aseguro que es un tipo genial, cuando lo conozcas te encantará- bostezó una vez más -¿Podemos tener esta discusión luego? No he dormidos bien, creo que estuve soñando estas dos noches y ni siquiera recuerdo, debió ser ese whisky. No se me da el alcohol- por supuesto, un mal sueño, eso le sonaba tan familiar, su mente se nubló ¿Le había hecho algo? Seguro que no, ella estaba bien, o tal vez sí le había hecho algo y ella ni siquiera se había dado cuenta –Quisiera descansar ahora ¿Sí?-
-Está bien, adiós- Fernanda se despidió. Las pesadillas, el incendio, la charla con la tía Aldana y ahora esto, la vida jamás se le presentó tan vulnerable, no había cabida para ignorar su situación, estaba en crisis, una muy grave y necesitaba ayuda.

4 comentarios:

  1. Hola, que bonito escribes, a partir de ahora me tienes por aquji siguiendote, tengo tambien un blos por si te puedes pasar, besitos y nos leemos;)
    Tambien soy de la inciativa seamos seguidores.
    http://estoyentrepaginas.blogspot.com.es/

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    1. Gracias por quedarte por aquí. Enseguida me paso por tu blog :)

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  2. ¿Qué significado tendrá esa pesadilla? Ya quiero saber cómo sigue :D
    ¡Saludos!

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    1. Muy pronto te enterarás, gracias por comentar ♥

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